lunes, 26 de noviembre de 2007

El Octavo Hábito

Ensayo.
Br. Claudia Aguilar. C.I 17.093.922
El Octavo Hábito

El octavo hábito supone escuchar nuestra propia “voz interna” y enseñar a los demás a identificar la suya propia. Se trata de enseñarle a los demás el arte de sacarle provecho a lo que es propio de cada individuo; de modo que cada persona se vuelva indispensable en la organización en virtud de sus capacidades irrepetibles.

En el antiguo paradigma, los trabajadores estaban sometidos a mucho dolor y frustración independientemente de si eran exitosos o no. Afortunadamente, el paradigma laboral está cambiando hoy en día, y el “octavo hábito” es una expresión de tal cambio.
Los paradigmas son muy poderosos. El viejo paradigma de la Era Industrial sostenía que la gente no era más que un insumo, parecido a ciertas materias primas como el acero o la energía. Por tanto, las personas eran tratadas como cosas, y no como individuos integrales dotados de corazón, mente, cuerpo y espíritu; eran como objetos que debían ser controlados y de los cuales se debía desconfiar. Pero, si bien las circunstancias han cambiado desde entonces, el paradigma básico continúa entre nosotros. Los trabajadores son objetos que deben ser controlados para que se desempeñen efectivamente.

El octavo hábito no significa añadir otro hábito a los siete que habían sido planteados con anterioridad. Significa aplicarle una “nueva dimensión” a los Siete hábitos de la gente altamente exitosa, que mejora el desempeño de cada uno de ellos.

El octavo hábito supone “encontrar nuestra voz y ayudar a los demás a encontrar la de ellos”. En este contexto, “voz” se refiere al valor intrínseco de cada persona en el ámbito laboral.
Encontrar nuestra voz supone cumplir con nuestro potencial interior. Es decir, encontrar aquel trabajo que verdaderamente aproveche nuestro talento y alimente nuestra pasión.
El mayor don que recibimos al nacer es la capacidad de decidir si desarrollaremos o no nuestro potencial. Esta es una elección que podemos hacer entre acción y acción. Es preciso reflexionar y determinar cuál será nuestra reacción.

La capacidad para entender nuestra libertad para elegir nos abre la puerta a cuatro habilidades o inteligencias:

1. Mente: mucha gente la considera la inteligencia por excelencia. Sin embargo, es una opinión muy limitante.

2. Cuerpo: este tipo de inteligencia es normalmente descartado, pues no tiene relación con la conciencia.

3. Corazón: para poder comunicarnos bien con los demás, es preciso que seamos diligentes, sensibles y empáticos. Una persona sabe qué decir y cuándo decirlo cuando tiene una buena inteligencia emocional; cómo sentirse y cómo expresar dichos sentimientos.

4. Espíritu o Alma: esta es la inteligencia más importante, pues dirige las actividades de las otras tres.